Sociedad

Enseñar en el litoral: lo que los datos no cuentan sobre la educación rural

Tres docentes del departamento de Paysandú hablan sobre lo que significa educar donde los indicadores nacionales no distinguen el campo de la ciudad.

Aula rural en el litoral uruguayo con luz natural y un pequeño grupo de estudiantes

Los informes del Ministerio de Educación miden tasas de egreso, repetición y ausentismo. Lo que no miden es cuántos kilómetros recorre una maestra antes de llegar al aula, cuántos alumnos desayunan en la escuela porque en casa no hay con qué, o cuántas veces un director llama a una familia que no tiene teléfono fijo. En el departamento de Paysandú hay escuelas rurales que funcionan con menos de veinte estudiantes y un único docente que hace de director, maestro y referente social al mismo tiempo. Visitamos tres de esas escuelas y hablamos con las personas que las sostienen. Sus nombres son reales y sus testimonios están reproducidos con su autorización. Lo que nos contaron no es excepcional: es la norma en decenas de establecimientos rurales del litoral uruguayo.

Ana Beatriz Pereyra lleva diecisiete años en la misma escuela unidocente, a cuarenta minutos de Paysandú por camino de tierra. Dice que el problema no es la distancia sino el presupuesto para materiales que llega en marzo cuando el año lectivo empezó en febrero. Miguel Sosa, en otra escuela al norte del departamento, da clases a nueve alumnos de primer a sexto año al mismo tiempo y considera que eso no es un defecto del sistema sino una oportunidad para enseñar a colaborar. Fernanda Quiroga, la más joven de los tres, llegó de Montevideo hace tres años y reconoce que tardó un año entero en entender que los tiempos del campo no son los tiempos de la capital. Lo que este artículo no intenta hacer es proponer soluciones: no somos expertos en política educativa. Sí podemos registrar lo que estas personas viven y dejar que sus palabras hablen por sí solas. Eso, a veces, es suficiente.